En el seminario puedes dar de comer a los semines

Querido Conrado:

 Te escribo mientras asisto a un seminario terriblemente tedioso. Supuestamente tiene lugar de 09.00 a 14.00, aunque como comprenderás debe tratarse de una errata, puesto que hoy es sábado. Por si acaso, me he acercado a las 09.00 y parece que la hora de comienzo estaba escrita correctamente. Un hombre con bigote oscuro está hablando, sin duda, de algo. Por ahora llevo aquí dos horas. Son las 09,23

 … creo que el hombre que habla está jugando con nosotros. Ha dicho una serie de palabras dándole un aire de importancia, como advirtiendo “esto va a caer en el examen…”, y todos se han apresurado a tomar nota, sin percatarse de que este hombre no está utilizando el lenguaje humano, sino el lenguaje de los murmullos de los ríos y los árboles. Son las 09.55

… descubro con asombro que el bigote del hombre que habla es grisáceo y lleno de canas. Esto no es ninguna broma, a pesar de que antes he apuntado que era oscuro. Iba a decirte que yo soy la primera soprendida, pero no es verdad. No me soprende. 10.29.

…¡traición! El hombre del bigote ha terminado su exposición, y acaba de entrar una mujer que va a comenzar otra. Me temo lo peor. Con esta técnica de turnos, es probable que el seminario dure 5 horas de verdad. Sin duda alguna, hay otros ponentes jugando al primis mientras esperan su turno, con 2 vidas y la del juego.

… esta nueva ponente sí utiliza el lenguaje de los humanos, y además habla con mucha claridad. Es muy sencillo seguir la exposición y a la vez leer entre líneas cómo el médico la arrojó contra el suelo nada más nacer.

… se llama María Angustias. Bravo.

… es duro aguantar 5 horas, pero lo he conseguido. Al final han pasado volando. Hasta tal punto que mi propio reloj se ha quedado atrás. Marca las 11.53.

…trato de hacer una lista de cosas en la vida que duren 5 horas. Ben-Hur dura 3 horas 32 minutos. Una liposucción se puede completar con éxito en una. Una maratón se corre en 4 horas y media, sin estar entrenada.

… tengo una gran idea. Voy a fingir un desmayo. Mi compañero de la derecha dice que no me delatará a condición de que me desmaye hacia su lado, para que me recoja él y pueda salir también de aquí.

… el plan ha sido un éxito. Estoy en un baño, fumando cigarrillos con Anselmo (mi “héroe”) y un hombre que ha saltado de su butaca gritando “¡Apártense, soy médico!”. Como la aparición de este hombre ponía en peligro la presencia de Anselmo en el plan de fuga, ha tenido que decir que él también es médico. Inmediatamente el doctor le ha preguntado que dónde estudió, y si todavía sigue dando clase el bueno de Phil Johnson. Después de algunos minutos de tensión, Anselmo ha descubierto grietas en la historia del doctor, y éste ha tenido que admitir que tampoco es médico, pero que había visto una oportunidad única de escapar de aquel infierno. No en vano, por lo visto llevaba 15 minutos echando espuma por la boca para fingir un ataque epiléptico, pero nadie se había fijado. Ahora mismo están discutiendo sobre si hay que dar las gracias antes o después de encenderte el cigarrillo cuando pides fuego.

… 13.55. Volvemos los 3 a clase, entre expresiones populares de alivio sincero e ingenuo. Mientras volvía a mi asiento he agradecido con la cabeza uno por uno a todos por su preocupación. El doctor ha estrechado manos, repitiendo incansablemente “usted habría hecho lo mismo”, “somos todos unos mandaos”, y cosas así. Anselmo miraba la proyección y arqueaba las cejas con preocupación, como pensando “ya es mala suerte que me haya perdido algo”. Para reforzar su papel ponía cara de estar enfocando con los ojos, que es un gesto inequívoco de que estás leyendo algo cuando sabes que todo el mundo te mira.

… 14.00. Ovación cerrada para el nuevo ponente, y fin.

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