Todavía en Madrid
Querido y deseado Conrado:
Cómo lamento que hayas tenido que partir tan pronto para la sensual Tanzania. Yo todavía me quedaré unos días por Madrid revisando mi libro a solas junto con mi jefe de redacción. Parece que el libro no le disgusta, pero dice que le falta algo de erotismo, de “picante”, y que sin eso no hay quien venda libros hoy en día. Ha puesto a mi disposición una secretaria que sin duda merece un aumento de sueldo, encargada de revisar todos mis escritos y añadirles ese tono sexual que parece que se me resiste.
Volverte a ver después de tanto tiempo ha sido reconfortante y húmedo. Te he encontrado genial, disfrutando de tu vida y tus glúteos de mármol calizo. Había olvidado cuánto te gusta cocinar, y la verdad es que disfruté como una colegiala tu fresón madrileño, con sus garbanzos, su tocino, su melón y su nabo.
Tu famoso chiste verde de la cigüeña y el lápiz cada vez te sale mejor. Aunque tu hermano diga que está cansado de oirlo, es muy placentero. No sé por qué tenéis que andar todo el día discutiendo de aquí para allá como el perro y el conejo.
En fin, espero que tu am-viciosa labor por Tanzania termine satisfactoriamente. Me ha dado pereza y deseos de abrazarte sólo con leer todo lo que habéis tenido que limpiar. Ya sabes que soy muy torpe con el mango de la escoba. Todo eso de fregar, barrer, pulir, sacar brillo, dejar reluciente, tallar, sacar punta, etc… me parece un trabajo de asiáticas.
En fin, cuídate el torso.
Besos apasionados, mientras mi corazón y mi entrepierna gritaban por liberar esa pureza que tan violentamente me arrebató mi tío en mi adolescencia, Lucía.
No puedo evitar leerlo con otra voz que no sea la del tomate, retorciendo la lengua en las palabras cursivas, y entrecerrando los ojos de vez en cuando.
Ay, ay, ay, ayy.
¡3 hurras por la nueva secretaria!
muy bueno