El paquete de Versalles

Querida Lucía,

Tus últimas cartas no han hecho más que preocuparme. Creo que no debí presentarte a mi primo Germán. Por lo menos no sin antes haberte advertido de que es muy dado a echar todo tipo de sustancias psicotrópicas a las damas con las que se relaciona. Pensé que, al ser tú amiga mía, se censuraría antes de llevar a cabo su ya tedioso hábito. Por lo que veo me equivoqué. Haz el favor de tener en cuenta que por muy burra que te ponga, Germán es un vivelavida de mucho cuidado. Para muestra un botón: cuando éramos pequeños, él siempre estaba insistiendo en entrar en una casa abandonada llena de espíritus, a la cual teníamos prohibidísimo acercarnos. Una noche se escapó y se coló dentro. Por lo visto estaba llena de cruces invertidas, cuernos de carnero, firmas satánicas y símbolos de Héroes del Silencio. Espero que esto último te haga reflexionar.

Respecto a mi viaje a Tanzania, esto está siendo la mar de desconcertante. El presidente de la república ha cambiado de opinión y ya no quiere que Tanzania sea una monarquía absoluta. Esta mañana le ha llegado un paquete de Versalles con pelucas de época que había comprado por internet, y dice que le sientan fatal. Los ministros y yo le hemos estado diciendo que es normal que al principio se vea raro, con la cara tan negra y los rizos tan blancos, pero que le quedaban genial. No hemos conseguido nada porque tiene un genio terrible. No hacía más que colocarse las pelucas de mil maneras y desesperarse. Miraba la revista de Historia, se colocaba la peluca en el espejo, volvía a mirar la revista, se volvía a colocar la peluca, miraba otra vez la revista, se miraba en el espejo, tiraba la peluca a la basura, sacaba otra peluca de la caja, se la colocaba delante del espejo, miraba la revista de Historia, se miraba en el espejo, movía la peluca un poco hacia los lados, miraba la revista, se miraba en el espejo, ponía morritos, miraba la revista, se volvía a mirar en el espejo, tiraba la peluca a la cara del ministro de Sanidad, sacaba otra peluca, la tiraba al suelo sin ponérsela. Sacaba otra peluca. Hasta 20 pelucas ha sacado y con ninguna se veía bien. Al final se ha hartado y ha pedido que nos marcháramos del despacho porque quería estar solo. Desde detrás de la puerta se le escuchaba llorar y decir palabras sueltas como excrément, douleur o mauvais destin.

Tal y como se ha dado la mañana, esta tarde no me voy a acercar por palacio. Supongo que tiene que ser bastante doloroso ver cómo tus sueños se hunden. Voy a aprovechar para dar una vuelta por Dodoma (que en español significa Madrid) para conocer cómo es la vida en una capital africana.

Dejo de escribir ya, que me van a cerrar las tiendas. Mucho ánimo con los retoques del libro y ten en cuenta que el cambio a literatura sexy puede ser para bien; las Spice Girls no se comieron un colín hasta que dejaron la canción protesta. Un abrazo muy fuerte.

Conrado.

2 Responses

  1. ¿Se parecía el presidente de Tanzania a Amy Klamstein cuando se ponía la peluca?

    Laurita - 23 Noviembre, 2007 at 6:00 pm
  2. oye a ver, un poco de calma que de repente han venido todas las musas (las mujeres de los muses, no de órdago sino de chocolate) y estais como locos venga a publicar, venga a publicar…, a mi no me da tiempo a leerlas y me produce insomnio saber que hay una nueva entrada y no la he leido. Tened humanidad por el amor de un Demiurgo.

    KlinKlan - 1 Diciembre, 2007 at 2:14 pm

Leave a Reply