Valladolid, con “V” de amor
Querido Conrado.
¡Qué exagerado eres! Si te escribí hace nada… mucho más te he escrito yo a ti que tú a mí, así que no te quejes.
Como sabrás, Germán y yo nos hemos venido a vivir a Valladolid, que ya era hora. Estamos estupendamente, en un pisito precioso que hemos comprado y lo estamos dejando precioso. Además, estamos más o menos cerca de mis padres, por si algún día pasa algo. Germán es un desastre, porque estoy yo cerca siempre, que si no…
A ver si os pasáis por aquí un día a vernos y tomamos café en el piso. Bueno… he oído noticias tuyas y veo que sigues soltero. Ay ay, Conrado… que eres como un niño. Bueno, de todas maneras pásate si quieres a tomar un café cualquier día. Me avisas, y te pasas.
Bueno, mil besos, Conrado.
Hola, Conrado!
Soy Germán, ¿qué pasa, tío? Le he dicho a Lucía que le tiraba yo la carta al buzón y aprovecho para escribirte yo también. ¿Qué tal todo? ¿Todo bien? Yo genial. Aquí estamos con el piso, arreglándolo y eso, que hay mucho trabajo. Casi no tengo tiempo para nada, macho. El otro día me acordé de aquella vez que faltaban hielos en tu casa y bajamos tú y yo a comprar, qué risa…. que me contaste un chiste de un burdel… ¡qué cabrón, cómo me lo pasé! Que risa. A ver si quedamos todos un día, joer. Cuando tengas novia tenéis que venir al piso, ¿eh? Hacemos una barbacoa o algo así, hay como una zona verde cerca de donde vivimos. Y si no vamos nosotros para Madrid. Dice Lucía que dentro de un par de meses quizás tenga un fin de semana libre, cuando esté acabado el piso y todo eso. ¡Y si no quedamos tú y yo, ¿que no?! Lucía es que perdió tu teléfono, que si no te hubiera llamado algún día y me cuentas cómo va todo, cabroncete. Oye, pues escucha. Te escribo aquí nuestro número. Llámanos tú, ¿vale? Qué cabrón, qué risa.
Un abrazo, tío!