Archive for 26 junio 2007

Tecnología nipona
26 junio, 2007

Mi muy querido Conrado:

Te comento con tristeza que me sorprende mucho lo ingenuo que puedes llegar a ser a veces. He leido con atención tu última carta y todas las vicisitudes que estás sufriendo allá en Londres para contactar con Jack, y he de serte sincera: yo creo, mi buen Conrado, que Jack sabe perfectamente que estás en Londres, y que si hay una razón por la cual no te coge el teléfono y no acude a vuestras citas es que ha olvidado el nombre de tu encantadora sobrina, o de algún otro familiar, y le causa reparo no poder preguntarte por ellos en condiciones. También puede ocurrir que no encuentre la rebeca que le regalaste por Navidad, y esté esperando a que haga un día muy caluroso en Londres para tener una excusa para no llevarla puesta. Pero no te preocupes; me he adelantado a estos infortunios y me he tomado la libertad de mandarle un telegrama urgente para que vuestra situación se solucione lo más pronto posible. Reza así: “Sobrina-Merceditas. Stop. Del-Anselmo-y-la-Jacinta. Stop. Rebeca-olvidada-en-mi-coche. Stop”.

Por otra parte, ayer estuve en una exposición de tecnología absolutamente sorprendente. Tal y como me comentaste, aquí en China hacen unas calculadoras asombrosas, pequeñas y muy ligeras. Bueno, en realidad parece ser que los verdaderos expertos en tecnología son los japoneses, pero visto que los europeos no somos capaces de distinguir entre los diferentes países asiáticos (¿tú sabías que los coreanos y los vietnamitas no eran chinos?) han decidido adoptar en todos los países los tópicos que el turista de a pie espera encontrar. Ya no nos insisten tanto con eso de que “Humor Amarillo” es japonés.

Bueno, a lo que iba. Entre las cosas más sorprendentes de la muestra de tecnología me he encontrado con una máquina del tiempo capaz de trasladarte al futuro. El acabado estaba muy cuidado, y desde fuera no parecía más que una silla normal y corriente, pero te sentabas en ella y al cabo de unos instantes habías dejado atrás el presente y estabas en el futuro. Y cuanto más tiempo permanecías en la silla, más se notaba el efecto. Ahora están centrando todos sus esfuerzos en intentar que la silla te traslade al futuro más rápido de lo que tardarías en llegar fuera de ella, pero los cimientos de esta revolución desde luego están ya asentados (nunca mejor dicho).

Espero que estas líneas te reconforten y tu situación con Jack se haya solventado. De todas maneras no dejes de disfrutar de Londres. Creo que hacen unos transistores y un arroz maravillosos.

Muchos besos,

Lucía.

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Vicisitudes inglesas
22 junio, 2007

Querida Lucía,

No sabes la ilusión que me ha hecho recibir tu carta. Mira que me has escrito a lo largo de estos años de amistad, pero esta última ha sido especial: son las primeras noticias que tengo de alguien conocido en muchos días. Leer tus líneas acerca del cine chino ha conseguido, por tonto que parezca, devolverme la sonrisa y apartar la soledad que me invade.

Mi buen amigo Jack, el londinense, no mi amigo Mac, que era un extraterrestre, espera. ¿Acabo de hacer una poesía? Un momento.

Mi buen amigo Jack,
el londinense;
no mi amigo Mac,
que era un extraterrestre.

¡Sí, lo es!, ¡es una poesía! Bah, da igual, no es manriqueño, te sigo contando. Mi amigo Jack ha resultado ser un tipo con muy mala suerte. Después de varios días en Londres conseguí contactar con él, pero el infortunio ha conducido las circunstancias.

Como no me cogía el teléfono me empecé a preocupar. ¿Le habrá pasado algo? ¿Se habrá caído al Támesis? ¿Habrá tenido algún encontronazo con un destripador? El caso es que estaba con la mosca detrás de la oreja y decidí ir a su oficina, a preguntar si sabían algo de él. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijeron, en la recepción de la empresa, que Jack estaba en su puesto de trabajo, y que no pasaba nada extraño (Nothing weird, nothing weird, repetían levantando los bracitos). Subo hasta la 4ª planta del edificio, busco el despacho, y ahí estaba. Nada más verle le pregunto que por qué no me había contestado las llamadas y, súbitamente, le da un apretón en el estómago y se tiene que ir al baño. Se excusa y sale por la puerta.

Cinco minutos, diez minutos, media hora, dos horas. Jack no aparecía y decido ir a los baños por si puedo hacer algo por él. Se podía haber quedado sin papel y yo como un tonto esperando en su despacho sin ir a ayudarle. En los baños no le veo. Miro por todo el edificio y nada. Otra vez me vuelvo a preocupar, esta vez en mayor medida debido a su repentino estado de salud, y decido salir a buscarle a la calle.

Al final he estado todo el día rastreando por los hospitales de la ciudad. No ha aparecido, pero me he hecho amigo del taxista, el cual me ha acompañado durante toda la tarea. Mañana vendrá a buscarme con el taxi temprano para seguir buscando. Se ha comprometido mucho con la tarea y me ha dicho que “¡Como si tenemos que hacer medio millón de millas! ¿usted paga, verdad?”

Espero que Jack se encuentre bien. Tengo muchas ganas de que se recupere y poder quedar con él. Al final se me va a acabar el viaje y no vamos a haber tenido tiempo de recordar los viejos tiempos.

Te envío un abrazo, y espero que en mi próxima carta todo sean buenas noticias.

Conrado.

cine oriental
17 junio, 2007

Querido Conrado:

Cómo admiro la facilidad con la que te mueves por todo el mundo. Te imagino en el hall del hotel arreglando el despiste de la reserva y me acuerdo mucho de los cursos de inglés por fascículos: “I have a reserved room. There has to be some kind of misunderstood. Please check again. Con-ra-do”. Me parto de risa. Menudo eres tú para desenredar desaguisados.

Por Pekín todo sigue igual. Hoy hemos ido al cine, y he descubierto que casi todas las películas americanas son adaptaciones de ideas originales chinas. Por ponerte un ejemplo, he visto X-men, pero la versión china. Me veo obligada a decir que es mucho mejor la oriental que la versión americana. Si no lo dijera me tomarían por inculta.

El caso es que el guión era realmente fabuloso. La película comenzaba con la explosión de una bomba nuclear en las inmediaciones de un almacén de productos radiactivos. Toda la gente que se encontraba alrededor sufría mutaciones genéticas aleatorias, y como consecuencia desarrollaban habilidades completamente inesperadas en un ser humano.

Con tantos genes que tiene el ADN, los poderes que obtenían eran de lo más variopinto. Uno de los protagonistas podía enderezar los rabillos de los “seises” con la mente, y otro de ellos con la mano, lo cual era igual de espectacular. Otro de los personajes desarrollaba unas aberturas en las gónadas que le permitían vivir en ambientes sin atmósfera y a más de 500º centígrados, lo cual le hubiera permitido vivir en Venus. Los demás personajes le han preguntado si quería que fueran todos a Venus, para probar sus poderes, y él ha respondido con mucha humildad que “le daba igual, que lo quisieran los demás”. También había un personaje que podía volar. Por desgracia, un hombre malvadísimo sin abuela se había propuesto cavar túneles estrechísimos bajo el suelo de toda la ciudad, para desestabilizar el clima de prosperidad y sosiego. Por fortuna, los protagonistas han decidido utilizar los poderes que providencialmente habían adquirido para detenerle. Ha sido un acto muy generoso. Al final daba un poco de pena el actor que podía volar porque claro, para qué le iba a servir.

Dale muchos recuerdos a Jack. Sobre todo recuérdale que habíais quedado. Tengo muchas ganas de verle para ponerle cara.

Besos, Lucía.

Instalado en Londres
15 junio, 2007

Querida Lucía,

Ya veo que te va estupendamente por Pekín. Me alegro mucho de tus avances con el idioma. Aprende mucho chino, a ver si me puedes ayudar a confirmar que en el tatuaje de mi sobrina está escrito “Verdad y Honor”. Ella dice que sí muy convencida, pero la sonrisa del tatuador no me inspiró ninguna confianza.

Yo, por mi parte, ya estoy en Londres. El viaje ha sido muy extraño porque hemos estado una hora parados esperando dentro del avión. El comandante ha dicho que, como en Inglaterra es una hora menos que en España, había que ponerse en hora antes de despegar, que si no luego todo es un lío. Durante todo ese rato, los pasajeros hemos estado gastando bromas y cantando canciones. También hemos jugado al escondite, pero eso no ha estado muy divertido.

Jack, el amigo al que he venido a ver, ha debido de hacerse un lío con lo de la hora, porque al aterrizar, no estaba en el aeropuerto para recibirme. Como no es la primera vez que vengo a Londres no he tenido problema en llegar yo solo al hotel que me había reservado Jack. Algún problema ha habido con mi reserva porque por lo visto no había ninguna habitación reservada a mi nombre. Este Jack es muy atento, pero un poco despistado. Al final me han podido dar una habitación en el mismo hotel y todo se ha quedado en el susto.

Ahora saldré a cenar algo. A ver si a Jack se le ocurre mirar el teléfono móvil y se da cuenta de las llamadas perdidas que le he dejado durante toda la tarde. Tengo muchas ganas de verle.

Ya te contaré más cosas. En el remite puedes ver la dirección del hotel por si quieres escribirme.

Un abrazo.

Conrado

Desde Pekín (II)
13 junio, 2007

Querido Conrado:

Los días pasan maravillosamente por Pekín. También para mí. Me apena no poder encontrarte a mi regreso, tendré muchas cosas que contarte. Además, he caído en que tengo que dejarte un libro.

Es sorprendente cómo se parecen los chinos a sí mismos. También se parecen bastante entre ellos. Es por eso que este país lo amas o lo odias. Si conoces a un chino y te cae simpático, andas por la calle con la sensación de estar entre cientos de amigos.

Paso casi todo el tiempo con mi intérprete, pero ya voy conociendo gente nueva. O no.

Poco a poco voy pillándole el truco al idioma. En el fondo es muy parecido al español, lo que pasa es que lo hablan muy rápido, pero si lo ves escrito se entiende todo.
Aquí todas las tiendas son de chinos. Y por las noches, los españoles salimos a vender rosas y DVD’s piratas. Es muy divertido.

Deseando que nos encontremos pronto:
tu amiga, Lucía.

Haciendo las maletas
13 junio, 2007

Querida Lucía,

Me alegro mucho de que hayas llegado bien a Pekín. Hace poco vi en las noticias que habían proliferado las bandas organizadas chinas que detienen aviones en vuelo con la intención de saquearlos. Hasta que no me llegó tu carta no terminé de estar tranquilo.

Desafortunadamente, cuando llegues de tu viaje no estaré aquí, pues marcho mañana a Londres visitar a un viejo amigo. Creo que le conociste hace dos nocheviejas, era aquel señor bajito que insistía en bailar contigo. Me quería dar recuerdos para ti, pero lamentablemente no pudo porque bebió mucho aquella noche, y no recuerda casi nada. Al comentarle que estabas en Pekín insistió en que te dijera que compraras calculadoras, que por lo visto las hacen allí muy buenas y muy baratas.

Me llamó tu madre preocupada. Por lo visto se te quedó el vídeo grabando y no sabían cómo detenerlo. Estuvieron comprando cintas vírgenes para cambiarlas cada vez que se llenaban a los 180 minutos. Yo tampoco quise darle al stop por si lo habías dejado grabando a propósito. No te llamaron para no preocuparte. De todos modos ya está todo solucionado, les dije que podían grabar encima una y otra vez. Cuando llegues recuerda pararlo.

Ya te escribiré desde Londres para contarte qué tal todo y para que sepas a qué dirección escribirme. Ahora tengo que terminar de hacer las maletas; ya tengo la parte exterior, las ruedas y el cierre, sólo me falta encontrar unas gomas elásticas para que no se me muevan las camisas.

Un abrazo muy fuerte.

Conrado.

Desde Pekín
12 junio, 2007

Querido Conrado:

Tal y como te comenté, me encuentro en Pekín por un asunto de negocios. Y digo “Pekín” porque lo que quiero es decirte que estoy en China, pero no conzco a ciencia cierta el nombre de ninguna otra ciudad china que no sea Pekín. Tengo un hueco antes de que me saquen a conocer el casco antiguo y el Ayuntamiento, así que aprovecho para escribirte estas líneas.

Por aquí todo muy bien. El viaje ha sido muy corto porque íbamos en dirección contraria al giro de La Tierra, por lo que prácticamente el avión sólo ha dado un salto y el suelo se ha movido por debajo.

Por lo que veo, no sólo se conduce por el carril izquierdo, sino que también se escribe de derecha a izquierda. Me he visto obligada a hacer lo mismo, puesto que todos los folios que he conseguido tienen la línea roja del margen a la derecha, y contra eso no se puede luchar. La única razón por la que puedes leer esta carta con normalidad es porque la he metido al revés en el sobre.

Ya te contaré qué tal me va todo por aquí. Espero verte a mi regreso.

Besos, Lucía.