Archive for 31 octubre 2007

Recapitulando hacia Madrid
31 octubre, 2007

Hola, Conrado.

He cibido tu carta justo antes de embarcarme rumbo hacia Madrid. Finalmente he decidido tomarme unos días de reposo para dar algunos retoques y copilar todas las notas para mi libro.

Estoy leyendo un libro que he comprado en la tienda del aeropuerto: “Narraciones de viaje”. Y el libro se titula “Aorr tmp… y aorrslo a ls d+” (Ahorre tiempo… y ahórreselo a los demás). Es un libro que se lee muy rápido.

En el capítulo 1 te explican cómo ducir palabras innecesariamente largas. Por ejemplo: suprimiendo el prefijo “re” de aquellas palabras que, aun sin el mencionado prefijo, no darían lugar a confusión. Por ejemplo, si aplicamos esta ducción a la palabra “realizar” nos queda “alizar”, que no significa ninguna otra cosa, así que ¿por qué decir “realizar” si no estamos alizando nada por segunda vez? En cambio, esto no sería correcto con la palabra “rematar”. Como dice el libro, “1 cosa es aorrar y otra m dstnt es sr 1 takñ”.

Llegaré a Madrid mañana. A primera hora me entrevistaré con mi dactor jefe, que sulta que quiere revisar y retocar las notas que he ido tomando. Creo que quedará satisfecho con el sultado de los datos copilados en mis viajes.

De todas maneras, me gustaría sacar algún tiempo para verte y poder cuperar el tiempo perdido. Deberíamos organizar una cena en casa de tu primo Germán, que sabes que me pone como una moto. ¿Qué te parece?

Bueno, espero impaciente tu spuesta. Dale recuerdos a todos de mi parte, y nos vemos en breve.

Besos,

             Lucía.

Anuncios

Mi experiencia de ayer
25 octubre, 2007

Querido Conrado:

 Aquí estoy, al otro lado de la cortina de fluctuación de bajo contraste, como la llaman aquí. Desde luego es un lugar de lo más entretenido, está muy bien montado y todo muy limpio.

La cola se hizo un poco larga, pero me entretuve hablando con la gente de mi alrededor. Cuando se enteraban de que era mi primera vez, me decían “le va a encantar, señora”, “ya verá, señora”, y cosas así. Según avanzaba la cola, cada vez que miraba a los lados alguien devolvía mi mirada con una sonrisa y un gesto de cabeza como diciendo “ya verá, le encantará”, como si fuera responsabilidad suya que me gustara. Según se acercaba el momento fui notando que crecía una especie de presión en la gente, y que empezaban a preocuparse por si el fenómeno no estaba a la altura de las expectativas que me estaban prometiendo. Justo cuando me iba a tocar a mí y la tensión se hizo más evidente se me acercó un chico de unos 11 años y medio y me dijo: “Señora, ya no soporto la presión. Esto no lo he inventado yo, y a lo mejor no le gusta tanto”.

Pero sí que me gustó. Cuando estás en frente de la cortina, lo primero que se te ocurre hacer es meter la mano muy despacio, observando cómo desaparece al otro lado. Después la sacas de nuevo y te la miras, como pensando “¿siempre he tenido esta mano?, ¿era así?”. Lo más curioso del fenómeno es que te da la oportunidad de ver las manos de la gente que está haciendo lo mismo desde el otro lado. De vez en cuando es divertido agarrar una de esas manos y pegarle un buen susto imitando el sonido de algún monstruo espacial, o darle un golpecillo reprendedor y decir “¡esa mano, Mariano!”.

Lo primero que te encuentras al cruzar es un grupo de estudiantes agobiados por algún examen, y que han cruzado la cortina para ganar un día más (he de decir que del lado que yo he cruzado, se retrocede un día). Uno de los estudiantes me lo ha explicado: “El problema es que aquí, en Kamchatka, lo de dejar todo para el último día cobra un significado aún más literal. Así no hay manera de madurar”.

Como comprenderás, la mayor parte de la gente que cruza la cortina lo hace para repetir el día de su cumpleaños y poder celebrarlo con la gente del trabajo y con los de la Facultad. Por su parte, los que cruzan en sentido inverso (avanzando un día) suelen ser solteros que odian los domingos y hombres del tiempo.

En fin, todas mis impresiones las voy recopilando minuciosamente en mi cuaderno de notas. Quizás me tome unos días de descanso y aproveche para pasar a verte. Lo digo porque cuando vuelva al otro lado de la cortina habré perdido ya el avión de regreso a Malta. Cómo pasa el tiempo.

Bueno, tú cuidate mucho y saluda a Madrid de mi parte.

Lucía.

Rutina sin inquina
11 octubre, 2007

Querida Lucía,

Ya estoy en Madrid. Ha sido un viaje precioso sobrevolar el océano Atlántico de nuevo. El piloto era esquimal y nos ha dicho que él era capaz de diferenciar cinco tipos de azul. Los pasajeros hemos estado muy entretenidos intentando sacar los cinco azules pero nos hemos quedado en cuatro. Menudos son estos esquimales.

La rutina del bufete va según lo esperado. El síndrome postvacacional está en pleno apogeo. Es una gozada. Mañana comienzo un juicio en el que llevo trabajando desde hace unos días. Por lo visto, la señora Clarkminster-Pickhampton, mi defendida, ha sido denunciada por una veintena de vecinos de su urbanización en Getafe. El representante de los denunciantes, el señor Flintslord-Fennembrought, vecino puerta-con-puerta de la señora Clarkminster-Pickhampton, sostiene que ésta hacina búlgaros en el sótano de su casa y que pone la televisión altísima. Con el tema de los búlgaros le he recomendado que pacte, porque ahora mismo estoy en su casa y efectivamente tiene un montón de ellos. Sin embargo, con la denuncia por el volumen de la televisión vamos a ir a juicio. Y vamos a ganar.

Como te contaba, la reincorporación al trabajo está siendo agotadora. Desde que llegué a Madrid el teléfono no ha parado de sonar (mañana me ha dicho el técnico que se pasará a echarle un vistazo), y encima se me ha estropeado la moto y tengo que coger 3 taxis para llegar a la oficina, que está lejísimos. Lo único positivo que le saco al final de las vacaciones es que ahora igual tengo la oportunidad de verte por fin.

Me despido ya, que la señora Clarkminster-Pickhampton ha subido ya de dar de comer a los búlgaros.

Un fuerte abrazo.

Conrado.