Archive for 23 noviembre 2007

El paquete de Versalles
23 noviembre, 2007

Querida Lucía,

Tus últimas cartas no han hecho más que preocuparme. Creo que no debí presentarte a mi primo Germán. Por lo menos no sin antes haberte advertido de que es muy dado a echar todo tipo de sustancias psicotrópicas a las damas con las que se relaciona. Pensé que, al ser tú amiga mía, se censuraría antes de llevar a cabo su ya tedioso hábito. Por lo que veo me equivoqué. Haz el favor de tener en cuenta que por muy burra que te ponga, Germán es un vivelavida de mucho cuidado. Para muestra un botón: cuando éramos pequeños, él siempre estaba insistiendo en entrar en una casa abandonada llena de espíritus, a la cual teníamos prohibidísimo acercarnos. Una noche se escapó y se coló dentro. Por lo visto estaba llena de cruces invertidas, cuernos de carnero, firmas satánicas y símbolos de Héroes del Silencio. Espero que esto último te haga reflexionar.

Respecto a mi viaje a Tanzania, esto está siendo la mar de desconcertante. El presidente de la república ha cambiado de opinión y ya no quiere que Tanzania sea una monarquía absoluta. Esta mañana le ha llegado un paquete de Versalles con pelucas de época que había comprado por internet, y dice que le sientan fatal. Los ministros y yo le hemos estado diciendo que es normal que al principio se vea raro, con la cara tan negra y los rizos tan blancos, pero que le quedaban genial. No hemos conseguido nada porque tiene un genio terrible. No hacía más que colocarse las pelucas de mil maneras y desesperarse. Miraba la revista de Historia, se colocaba la peluca en el espejo, volvía a mirar la revista, se volvía a colocar la peluca, miraba otra vez la revista, se miraba en el espejo, tiraba la peluca a la basura, sacaba otra peluca de la caja, se la colocaba delante del espejo, miraba la revista de Historia, se miraba en el espejo, movía la peluca un poco hacia los lados, miraba la revista, se miraba en el espejo, ponía morritos, miraba la revista, se volvía a mirar en el espejo, tiraba la peluca a la cara del ministro de Sanidad, sacaba otra peluca, la tiraba al suelo sin ponérsela. Sacaba otra peluca. Hasta 20 pelucas ha sacado y con ninguna se veía bien. Al final se ha hartado y ha pedido que nos marcháramos del despacho porque quería estar solo. Desde detrás de la puerta se le escuchaba llorar y decir palabras sueltas como excrément, douleur o mauvais destin.

Tal y como se ha dado la mañana, esta tarde no me voy a acercar por palacio. Supongo que tiene que ser bastante doloroso ver cómo tus sueños se hunden. Voy a aprovechar para dar una vuelta por Dodoma (que en español significa Madrid) para conocer cómo es la vida en una capital africana.

Dejo de escribir ya, que me van a cerrar las tiendas. Mucho ánimo con los retoques del libro y ten en cuenta que el cambio a literatura sexy puede ser para bien; las Spice Girls no se comieron un colín hasta que dejaron la canción protesta. Un abrazo muy fuerte.

Conrado.

Todavía en Madrid
20 noviembre, 2007

Querido y deseado Conrado:

Cómo lamento que hayas tenido que partir tan pronto para la sensual Tanzania. Yo todavía me quedaré unos días por Madrid revisando mi libro a solas junto con mi jefe de redacción. Parece que el libro no le disgusta, pero dice que le falta algo de erotismo, de “picante”, y que sin eso no hay quien venda libros hoy en día. Ha puesto a mi disposición una secretaria que sin duda merece un aumento de sueldo, encargada de revisar todos mis escritos y añadirles ese tono sexual que parece que se me resiste.

Volverte a ver después de tanto tiempo ha sido reconfortante y húmedo. Te he encontrado genial, disfrutando de tu vida y tus glúteos de mármol calizo. Había olvidado cuánto te gusta cocinar, y la verdad es que disfruté como una colegiala tu fresón madrileño, con sus garbanzos, su tocino, su melón y su nabo.

Tu famoso chiste verde de la cigüeña y el lápiz cada vez te sale mejor. Aunque tu hermano diga que está cansado de oirlo, es muy placentero. No sé por qué tenéis que andar todo el día discutiendo de aquí para allá como el perro y el conejo.

En fin, espero que tu am-viciosa labor por Tanzania termine satisfactoriamente. Me ha dado pereza y deseos de abrazarte sólo con leer todo lo que habéis tenido que limpiar. Ya sabes que soy muy torpe con el mango de la escoba. Todo eso de fregar, barrer, pulir, sacar brillo, dejar reluciente, tallar, sacar punta, etc… me parece un trabajo de asiáticas.

En fin, cuídate el torso.

Besos apasionados, mientras mi corazón y mi entrepierna gritaban por liberar esa pureza que tan violentamente me arrebató mi tío en mi adolescencia, Lucía.

En el seminario puedes dar de comer a los semines
17 noviembre, 2007

Querido Conrado:

 Te escribo mientras asisto a un seminario terriblemente tedioso. Supuestamente tiene lugar de 09.00 a 14.00, aunque como comprenderás debe tratarse de una errata, puesto que hoy es sábado. Por si acaso, me he acercado a las 09.00 y parece que la hora de comienzo estaba escrita correctamente. Un hombre con bigote oscuro está hablando, sin duda, de algo. Por ahora llevo aquí dos horas. Son las 09,23

 … creo que el hombre que habla está jugando con nosotros. Ha dicho una serie de palabras dándole un aire de importancia, como advirtiendo “esto va a caer en el examen…”, y todos se han apresurado a tomar nota, sin percatarse de que este hombre no está utilizando el lenguaje humano, sino el lenguaje de los murmullos de los ríos y los árboles. Son las 09.55

… descubro con asombro que el bigote del hombre que habla es grisáceo y lleno de canas. Esto no es ninguna broma, a pesar de que antes he apuntado que era oscuro. Iba a decirte que yo soy la primera soprendida, pero no es verdad. No me soprende. 10.29.

…¡traición! El hombre del bigote ha terminado su exposición, y acaba de entrar una mujer que va a comenzar otra. Me temo lo peor. Con esta técnica de turnos, es probable que el seminario dure 5 horas de verdad. Sin duda alguna, hay otros ponentes jugando al primis mientras esperan su turno, con 2 vidas y la del juego.

… esta nueva ponente sí utiliza el lenguaje de los humanos, y además habla con mucha claridad. Es muy sencillo seguir la exposición y a la vez leer entre líneas cómo el médico la arrojó contra el suelo nada más nacer.

… se llama María Angustias. Bravo.

… es duro aguantar 5 horas, pero lo he conseguido. Al final han pasado volando. Hasta tal punto que mi propio reloj se ha quedado atrás. Marca las 11.53.

…trato de hacer una lista de cosas en la vida que duren 5 horas. Ben-Hur dura 3 horas 32 minutos. Una liposucción se puede completar con éxito en una. Una maratón se corre en 4 horas y media, sin estar entrenada.

… tengo una gran idea. Voy a fingir un desmayo. Mi compañero de la derecha dice que no me delatará a condición de que me desmaye hacia su lado, para que me recoja él y pueda salir también de aquí.

… el plan ha sido un éxito. Estoy en un baño, fumando cigarrillos con Anselmo (mi “héroe”) y un hombre que ha saltado de su butaca gritando “¡Apártense, soy médico!”. Como la aparición de este hombre ponía en peligro la presencia de Anselmo en el plan de fuga, ha tenido que decir que él también es médico. Inmediatamente el doctor le ha preguntado que dónde estudió, y si todavía sigue dando clase el bueno de Phil Johnson. Después de algunos minutos de tensión, Anselmo ha descubierto grietas en la historia del doctor, y éste ha tenido que admitir que tampoco es médico, pero que había visto una oportunidad única de escapar de aquel infierno. No en vano, por lo visto llevaba 15 minutos echando espuma por la boca para fingir un ataque epiléptico, pero nadie se había fijado. Ahora mismo están discutiendo sobre si hay que dar las gracias antes o después de encenderte el cigarrillo cuando pides fuego.

… 13.55. Volvemos los 3 a clase, entre expresiones populares de alivio sincero e ingenuo. Mientras volvía a mi asiento he agradecido con la cabeza uno por uno a todos por su preocupación. El doctor ha estrechado manos, repitiendo incansablemente “usted habría hecho lo mismo”, “somos todos unos mandaos”, y cosas así. Anselmo miraba la proyección y arqueaba las cejas con preocupación, como pensando “ya es mala suerte que me haya perdido algo”. Para reforzar su papel ponía cara de estar enfocando con los ojos, que es un gesto inequívoco de que estás leyendo algo cuando sabes que todo el mundo te mira.

… 14.00. Ovación cerrada para el nuevo ponente, y fin.

Transición tanzana
14 noviembre, 2007

Querida Lucía,

Estos días que hemos estado juntos han sido un reconfortante alivio. Después de tanto tiempo sin vernos pensé que no te reconocería. Nada más lejos. Estás igual que siempre; no te lo tomes por el lado malo.

Como ya te adelanté el otro día, ayer vine a Tanzania para asesorar legalmente al presidente de la república. Esta mañana me ha recibido en su despacho y no quieras saber cómo lo tenía de desordenado. Le he dicho que antes de empezar a hablar de leyes, constituciones, latinajos y demás zarandajas, había que poner un poco de orden allí. Hemos empezado a recoger la habitación a las 9 de la mañana, ¡y hasta las 12 no hemos terminado! Un espectáculo. Si no hemos llenado 7 bolsas de basura no hemos llenado ninguna, y había una capa de polvo encima de los armarios que tirabas una moneda y desaparecía. Él se excusaba, con un poco de cachondeo, diciéndome que trabaja mucho y que no saca tiempo para adecentar el despacho. Le he hecho ver que no me hacía ninguna gracia y le he contestado que tener el despacho limpio no es sólo una cuestión de apariencia, sino que también repercute en el trabajo, el respeto y la higiene. Con estas cosas hay que ponerse firme, y creo que le ha llegado el mensaje.

Tras terminar de adecentar el despacho nos hemos tenido que duchar y cambiar de ropa, porque no veas cómo hemos acabado. Ya después de comer nos hemos puesto a trabajar. Por lo que me ha contado, tiene en mente una reforma en la constitución por la cual la república de Tanzania pasaría a ser una monarquía absoluta. Como no entendía muy bien el proyecto me ha hecho leerme un artículo de una revista de Historia que hablaba sobre Luis XIV de Francia. Ha insistido mucho en las ventajas que tendría Tanzania si tuviera un rey absoluto, y luego se ha puesto un poco pesado con los peinados. “Quiero pelucas como ésta y como ésta. Y también como ésta”, me decía señalando la cabeza de Luis XIV en diferentes cuadros que aparecían en la revista. Todo esto me parece muy disparatado, Lucía.

Mañana por la mañana nos reuniremos otra vez para analizar la situación y ver cómo afrontamos la transición (por lo visto vendrá también su ministro de Medio Ambiente, que se ha pedido ser Madame de Montespan). Ahora voy a aprovechar lo que queda de tarde para dar un paseo por la ciudad y pensar qué le voy a decir a esta gente mañana.

Bueno, pues ya espero noticias tuyas. Cuídate mucho, Lucía. Un abrazo.

Conrado.