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Últimos días en Madrid
16 diciembre, 2007

Querido Conrado:

¡No te lo vas a creer!  ¡O a lo mejor sí!

El caso es que tu primo Germán me ha preparado un fin de semana “sorpresa” en Dinamarca, previsto para la semana que viene. Lo he descubierto porque había escondido la reserva de los billetes en el bidé (lo cual me parece brillante, ¿quién iba a buscar unos billetes de avión en un bidé?). El problema es que ha pretendido ocultar los billetes poniendo encima una camiseta, y la mala suerte ha querido que la camiseta que ha cogido al azar tiene impresa en el pecho una imagen de dos billetes de avión a Dinamarca.

Me he pasado el día diciendo “creo que usaré el bidé un rato…” para ver la reacción de tu primo, que se ponía blanco de pánico e intentaba disimular como podía: “…deja, mujer… eh…. venga, que un día es un día, esta noche te saco por ahí y usamos los dos el bidé que tengan, y nos quitamos de fregar”. Tu primo es un poco burro, Conrado, pero he de admitir que me hace reír el muy canalla.

Ayer me llevó al teatro, ¿y sabes qué? Fuimos a ver una obra dirigida por Pimpollo Mamarracho, el tipo ése que siempre despreciaba nuestras obras cuando actuábamos en la universidad.

En la entrada nos dieron el programa de la obra y era tal y como debía ser: todos los encargos estaban desglosados de tal manera que su nombre apareciera por todos lados. Así:

argumento: Pimpollo Mamarracho y Pepita Ingenua Uno
guión: Pimpollo Mamarracho y Pepita Ingenua Dos
adaptación e idea original: Pimpollo Mamarracho y Pepita Ilusionada de Salir en los Créditos junto al Sr. Mamarracho

Lo mismo hacían con las canciones:

música: Pimpollo Mamarracho
letra: Pimpollo Mamarracho
arreglos: ¡Pimpollo Mamarracho!

La obra me recordó mucho a Cats: apagaban las luces entre un acto y otro. Respecto a lo demás, los actores no iban caracterizados de gato, sino disfrazados de personas disfrazadas de personas disfrazadas de actores. Y sus interpretaciones seguían la misma secuencia. Actuaban como si nos estuvieran poniendo la piel de gallina, y conmigo desde luego lo consiguieron. Me hizo pensar que las obras en las que nosotros actuábamos eran igual de vergonzosas y quizás no nos dábamos cuenta.

Cuando acabó pensé en salir corriendo para evitar cruzarme con el Sr. Mamarracho y esquivar la previsible pregunta de “¿te ha gustado?”. Resultó que me topé de bruces con él, y al saludarle sus ojos reflejaron sorpresa y terror, como pensando “¡Maldición, lo has visto!” Era como si súbitamente se hubiera hecho la luz en su interior y acabara de darse cuenta de la mierda pestilente que había moldeado con sus propias manos hasta formar su propio retrato. Te hubiera encantado estar ahí. Le di la mano con una sonrisa enorme y después un par de golpecitos en el hombro durante los cuales sonaron fanfarrias.

En fin, voy agotando mi estancia en Madrid. Te escribiré desde Dinamarca para contarte qué tal lo paso con tu primo. No, mejor para decirte qué tal es Dinamarca.

 Un beso, cuídate.