Australia-Sudán-Somalia-Inglaterra-Australia

Querido Conrado:

Por tus últimas cartas deduzco que no me has escrito.

Estoy más o menos sobreviviendo por aquí por Sidney, sacando dinero de trabajillos que surgen y cosas así. De lo más interesante que puedo contarte, he de destacar que hace 3 semanas hice de traductora “in situ” de un conferenciante sudanés. 

Como ya te dije, Australia es un país de pandereta donde las cosas deben hacerse mal como parte de su forma de entender la vida. No en vano, tienen una expresión que dice más o menos así: “eso viene así por defecto”, cuando en realidad quieren decir que se ha fabricado así adrede. Me entiendes, ¿verdad?

El caso es que me encargaron traducir la conferencia de un hombre sudanés del que me aseguraron que no hablaba prácticamente nada de inglés. “Para que te hagas una idea, sabe de inglés tanto como yo”, me dijo mientras se reía el presidente de la entidad que invitó al conferenciante. Y el tío, créeme, se meaba de risa ante la idea de una persona que supiera tan poco inglés.

Pues bien, el sudanés en cuestión era natural de Somalia y llevaba años residiendo en Inglaterra, país en el cual se nacionalizó. Huelga decir que su inglés era exquisito, en el sentido más británico de la palabra. Gracias a Dios yo había insistido en reunirme con él el día antes a la exposición, para repasar juntos su conferencia y tratar de evitar disgustos en directo. En 3 minutos ya habíamos corregido la primera frase de los trípticos que se entregarían a los oyentes: “Mr. Amaj Neda nació en SOMALIA el 12 de …” Algo más difícil fue tratar de convencer al presidente de la entidad de que el Sr. Neda ya había visto antes agua corriente y que tras 15 años en Inglaterra ya había descubierto que esos pulsadores no se llamaban “botones mágicos frabricantes de luz”, sino interruptores.

En fin, creo que no te voy a contar el desenlace de esta aventura mientras no reciba una carta tuya. En realidad es que estoy algo cansada, pero así te meto presión.

En otro orden de cosas, te diré que me he comprado un hurón. Los hurones son unos animales adorables cuyas imágenes se utilizan a menudo en entrevistas de trabajo y en consultas psicológicas para preguntar “¿qué ve usted aquí?”, ya que constituyen un buen medidor del estado de optimismo de un sujeto. Tan pronto te recuerdan a un cachorro de perro pequeño como a una rata gigante.

Los hurones son animales absolutamente prescindibles y faltos de originalidad. Tienen rasgos de ardillas, hámsters, gatos, ratas y mapaches, pero a diferencia de ellos no tienen ninguna característica remarcable, a excepción de que huelen peor vivos que muertos. Toda aquella persona que tenga un hurón te dirá que son adorables, pero únicamente porque cuando los adquieres firmas un contrato que te obliga a decirlo. Lo cierto es que, a diferencia de los unicornios, si los hurones no existieran a nadie se le ocurriría inventárselos.

Bueno, Conrado, cuídate o no te cuides, pero escribe pronto.

¿Te llegó mi máquina de calcular pérdidas de altura?

Un beso.

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