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Mi experiencia de ayer
25 octubre, 2007

Querido Conrado:

 Aquí estoy, al otro lado de la cortina de fluctuación de bajo contraste, como la llaman aquí. Desde luego es un lugar de lo más entretenido, está muy bien montado y todo muy limpio.

La cola se hizo un poco larga, pero me entretuve hablando con la gente de mi alrededor. Cuando se enteraban de que era mi primera vez, me decían “le va a encantar, señora”, “ya verá, señora”, y cosas así. Según avanzaba la cola, cada vez que miraba a los lados alguien devolvía mi mirada con una sonrisa y un gesto de cabeza como diciendo “ya verá, le encantará”, como si fuera responsabilidad suya que me gustara. Según se acercaba el momento fui notando que crecía una especie de presión en la gente, y que empezaban a preocuparse por si el fenómeno no estaba a la altura de las expectativas que me estaban prometiendo. Justo cuando me iba a tocar a mí y la tensión se hizo más evidente se me acercó un chico de unos 11 años y medio y me dijo: “Señora, ya no soporto la presión. Esto no lo he inventado yo, y a lo mejor no le gusta tanto”.

Pero sí que me gustó. Cuando estás en frente de la cortina, lo primero que se te ocurre hacer es meter la mano muy despacio, observando cómo desaparece al otro lado. Después la sacas de nuevo y te la miras, como pensando “¿siempre he tenido esta mano?, ¿era así?”. Lo más curioso del fenómeno es que te da la oportunidad de ver las manos de la gente que está haciendo lo mismo desde el otro lado. De vez en cuando es divertido agarrar una de esas manos y pegarle un buen susto imitando el sonido de algún monstruo espacial, o darle un golpecillo reprendedor y decir “¡esa mano, Mariano!”.

Lo primero que te encuentras al cruzar es un grupo de estudiantes agobiados por algún examen, y que han cruzado la cortina para ganar un día más (he de decir que del lado que yo he cruzado, se retrocede un día). Uno de los estudiantes me lo ha explicado: “El problema es que aquí, en Kamchatka, lo de dejar todo para el último día cobra un significado aún más literal. Así no hay manera de madurar”.

Como comprenderás, la mayor parte de la gente que cruza la cortina lo hace para repetir el día de su cumpleaños y poder celebrarlo con la gente del trabajo y con los de la Facultad. Por su parte, los que cruzan en sentido inverso (avanzando un día) suelen ser solteros que odian los domingos y hombres del tiempo.

En fin, todas mis impresiones las voy recopilando minuciosamente en mi cuaderno de notas. Quizás me tome unos días de descanso y aproveche para pasar a verte. Lo digo porque cuando vuelva al otro lado de la cortina habré perdido ya el avión de regreso a Malta. Cómo pasa el tiempo.

Bueno, tú cuidate mucho y saluda a Madrid de mi parte.

Lucía.

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