Archive for the ‘Londres’ Category

Es casi una huida
9 julio, 2007

Querida Lucía,

La situación en Londres se ha ido complicando por momentos. Te agradezco que enviaras ese telegrama, pero parece ser, por lo visto, que este periplo es un fracaso. No he conseguido encontrar a Jack. En el trabajo me dicen que no puedo pasar, que no ha venido. En su casa puede haber luz y música, pero nunca nadie dispuesto a abrirme la puerta cuando llamo. El hecho de haber venido a ver a un viejo amigo que no se ha dignado a aparecer podía aguantarlo. Al fin y al cabo, en la amistad no existe la obligación. Pero hay algo por lo que no voy a pasar: el recepcionista sodomita del hotel y sus degenerados planes.

El mismo día que llegué al hotel, pude ver cómo el recepcionista se besaba con una mujer rubia –muy guapa, por cierto-, que terminó siendo una clienta, la cual ocupaba la habitación 211. Hace un par de días vi salir al mismo recepcionista de la habitación 212, donde se alojaban 2 mujeres –morena y pelirroja-. Analizando los hechos, teniendo en cuenta que el recepcionista le da a todo (rubias, morenas, pelirrojas…), y que yo me alojo en la 213, no hay que ser muy listo para prever la sucesión: me va a tocar a mí el siguiente.

Dadas las circunstancias he decidido dar por terminado mi viaje a Londres. De hecho te escribo desde el aeropuerto. Como todavía me quedan unos pocos días de asueto, me he tomado la libertad de irme a cualquier ciudad del mundo. Ahora te continúo escribiendo, que voy a hablar con el señor que vende los billetes. El tendero de los vuelos, como me gusta llamarle.

Ya está todo solucionado. He llegado y le he dicho: “Next flight I buy”. Le ha costado un montón entenderme así que se lo he repetido: “Next flight!, next flight!, next flight!”. Me faltaba una servilleta al cuello y unos cubiertos con los que golpear el mostrador. Curiosamente el siguiente vuelo sale rumbo a Lima. Te preguntarás por qué he escrito curiosamente, y si te digo la verdad no lo sé, Perú es un destino como otro cualquiera. No lo borro para no ensuciar más la hoja.

Te tengo que dejar, que me llaman para embarcar. Ya te contaré más cosas desde Lima. Tengo muchas ganas de llegar y comprobar si existe alguna ciudad cercana que se llame Limón para hacerle una fotografía al cartelito de los autobuses que unan ambas ciudades.

Un abrazo muy fuerte.

Conrado.

Vicisitudes inglesas
22 junio, 2007

Querida Lucía,

No sabes la ilusión que me ha hecho recibir tu carta. Mira que me has escrito a lo largo de estos años de amistad, pero esta última ha sido especial: son las primeras noticias que tengo de alguien conocido en muchos días. Leer tus líneas acerca del cine chino ha conseguido, por tonto que parezca, devolverme la sonrisa y apartar la soledad que me invade.

Mi buen amigo Jack, el londinense, no mi amigo Mac, que era un extraterrestre, espera. ¿Acabo de hacer una poesía? Un momento.

Mi buen amigo Jack,
el londinense;
no mi amigo Mac,
que era un extraterrestre.

¡Sí, lo es!, ¡es una poesía! Bah, da igual, no es manriqueño, te sigo contando. Mi amigo Jack ha resultado ser un tipo con muy mala suerte. Después de varios días en Londres conseguí contactar con él, pero el infortunio ha conducido las circunstancias.

Como no me cogía el teléfono me empecé a preocupar. ¿Le habrá pasado algo? ¿Se habrá caído al Támesis? ¿Habrá tenido algún encontronazo con un destripador? El caso es que estaba con la mosca detrás de la oreja y decidí ir a su oficina, a preguntar si sabían algo de él. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijeron, en la recepción de la empresa, que Jack estaba en su puesto de trabajo, y que no pasaba nada extraño (Nothing weird, nothing weird, repetían levantando los bracitos). Subo hasta la 4ª planta del edificio, busco el despacho, y ahí estaba. Nada más verle le pregunto que por qué no me había contestado las llamadas y, súbitamente, le da un apretón en el estómago y se tiene que ir al baño. Se excusa y sale por la puerta.

Cinco minutos, diez minutos, media hora, dos horas. Jack no aparecía y decido ir a los baños por si puedo hacer algo por él. Se podía haber quedado sin papel y yo como un tonto esperando en su despacho sin ir a ayudarle. En los baños no le veo. Miro por todo el edificio y nada. Otra vez me vuelvo a preocupar, esta vez en mayor medida debido a su repentino estado de salud, y decido salir a buscarle a la calle.

Al final he estado todo el día rastreando por los hospitales de la ciudad. No ha aparecido, pero me he hecho amigo del taxista, el cual me ha acompañado durante toda la tarea. Mañana vendrá a buscarme con el taxi temprano para seguir buscando. Se ha comprometido mucho con la tarea y me ha dicho que “¡Como si tenemos que hacer medio millón de millas! ¿usted paga, verdad?”

Espero que Jack se encuentre bien. Tengo muchas ganas de que se recupere y poder quedar con él. Al final se me va a acabar el viaje y no vamos a haber tenido tiempo de recordar los viejos tiempos.

Te envío un abrazo, y espero que en mi próxima carta todo sean buenas noticias.

Conrado.

Instalado en Londres
15 junio, 2007

Querida Lucía,

Ya veo que te va estupendamente por Pekín. Me alegro mucho de tus avances con el idioma. Aprende mucho chino, a ver si me puedes ayudar a confirmar que en el tatuaje de mi sobrina está escrito “Verdad y Honor”. Ella dice que sí muy convencida, pero la sonrisa del tatuador no me inspiró ninguna confianza.

Yo, por mi parte, ya estoy en Londres. El viaje ha sido muy extraño porque hemos estado una hora parados esperando dentro del avión. El comandante ha dicho que, como en Inglaterra es una hora menos que en España, había que ponerse en hora antes de despegar, que si no luego todo es un lío. Durante todo ese rato, los pasajeros hemos estado gastando bromas y cantando canciones. También hemos jugado al escondite, pero eso no ha estado muy divertido.

Jack, el amigo al que he venido a ver, ha debido de hacerse un lío con lo de la hora, porque al aterrizar, no estaba en el aeropuerto para recibirme. Como no es la primera vez que vengo a Londres no he tenido problema en llegar yo solo al hotel que me había reservado Jack. Algún problema ha habido con mi reserva porque por lo visto no había ninguna habitación reservada a mi nombre. Este Jack es muy atento, pero un poco despistado. Al final me han podido dar una habitación en el mismo hotel y todo se ha quedado en el susto.

Ahora saldré a cenar algo. A ver si a Jack se le ocurre mirar el teléfono móvil y se da cuenta de las llamadas perdidas que le he dejado durante toda la tarde. Tengo muchas ganas de verle.

Ya te contaré más cosas. En el remite puedes ver la dirección del hotel por si quieres escribirme.

Un abrazo.

Conrado

Haciendo las maletas
13 junio, 2007

Querida Lucía,

Me alegro mucho de que hayas llegado bien a Pekín. Hace poco vi en las noticias que habían proliferado las bandas organizadas chinas que detienen aviones en vuelo con la intención de saquearlos. Hasta que no me llegó tu carta no terminé de estar tranquilo.

Desafortunadamente, cuando llegues de tu viaje no estaré aquí, pues marcho mañana a Londres visitar a un viejo amigo. Creo que le conociste hace dos nocheviejas, era aquel señor bajito que insistía en bailar contigo. Me quería dar recuerdos para ti, pero lamentablemente no pudo porque bebió mucho aquella noche, y no recuerda casi nada. Al comentarle que estabas en Pekín insistió en que te dijera que compraras calculadoras, que por lo visto las hacen allí muy buenas y muy baratas.

Me llamó tu madre preocupada. Por lo visto se te quedó el vídeo grabando y no sabían cómo detenerlo. Estuvieron comprando cintas vírgenes para cambiarlas cada vez que se llenaban a los 180 minutos. Yo tampoco quise darle al stop por si lo habías dejado grabando a propósito. No te llamaron para no preocuparte. De todos modos ya está todo solucionado, les dije que podían grabar encima una y otra vez. Cuando llegues recuerda pararlo.

Ya te escribiré desde Londres para contarte qué tal todo y para que sepas a qué dirección escribirme. Ahora tengo que terminar de hacer las maletas; ya tengo la parte exterior, las ruedas y el cierre, sólo me falta encontrar unas gomas elásticas para que no se me muevan las camisas.

Un abrazo muy fuerte.

Conrado.