Archive for the ‘Lucía’ Category

Australia-Sudán-Somalia-Inglaterra-Australia
17 noviembre, 2008

Querido Conrado:

Por tus últimas cartas deduzco que no me has escrito.

Estoy más o menos sobreviviendo por aquí por Sidney, sacando dinero de trabajillos que surgen y cosas así. De lo más interesante que puedo contarte, he de destacar que hace 3 semanas hice de traductora “in situ” de un conferenciante sudanés. 

Como ya te dije, Australia es un país de pandereta donde las cosas deben hacerse mal como parte de su forma de entender la vida. No en vano, tienen una expresión que dice más o menos así: “eso viene así por defecto”, cuando en realidad quieren decir que se ha fabricado así adrede. Me entiendes, ¿verdad?

El caso es que me encargaron traducir la conferencia de un hombre sudanés del que me aseguraron que no hablaba prácticamente nada de inglés. “Para que te hagas una idea, sabe de inglés tanto como yo”, me dijo mientras se reía el presidente de la entidad que invitó al conferenciante. Y el tío, créeme, se meaba de risa ante la idea de una persona que supiera tan poco inglés.

Pues bien, el sudanés en cuestión era natural de Somalia y llevaba años residiendo en Inglaterra, país en el cual se nacionalizó. Huelga decir que su inglés era exquisito, en el sentido más británico de la palabra. Gracias a Dios yo había insistido en reunirme con él el día antes a la exposición, para repasar juntos su conferencia y tratar de evitar disgustos en directo. En 3 minutos ya habíamos corregido la primera frase de los trípticos que se entregarían a los oyentes: “Mr. Amaj Neda nació en SOMALIA el 12 de …” Algo más difícil fue tratar de convencer al presidente de la entidad de que el Sr. Neda ya había visto antes agua corriente y que tras 15 años en Inglaterra ya había descubierto que esos pulsadores no se llamaban “botones mágicos frabricantes de luz”, sino interruptores.

En fin, creo que no te voy a contar el desenlace de esta aventura mientras no reciba una carta tuya. En realidad es que estoy algo cansada, pero así te meto presión.

En otro orden de cosas, te diré que me he comprado un hurón. Los hurones son unos animales adorables cuyas imágenes se utilizan a menudo en entrevistas de trabajo y en consultas psicológicas para preguntar “¿qué ve usted aquí?”, ya que constituyen un buen medidor del estado de optimismo de un sujeto. Tan pronto te recuerdan a un cachorro de perro pequeño como a una rata gigante.

Los hurones son animales absolutamente prescindibles y faltos de originalidad. Tienen rasgos de ardillas, hámsters, gatos, ratas y mapaches, pero a diferencia de ellos no tienen ninguna característica remarcable, a excepción de que huelen peor vivos que muertos. Toda aquella persona que tenga un hurón te dirá que son adorables, pero únicamente porque cuando los adquieres firmas un contrato que te obliga a decirlo. Lo cierto es que, a diferencia de los unicornios, si los hurones no existieran a nadie se le ocurriría inventárselos.

Bueno, Conrado, cuídate o no te cuides, pero escribe pronto.

¿Te llegó mi máquina de calcular pérdidas de altura?

Un beso.

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Australia, un país de pandereta
23 julio, 2008

Querido Conrado:

Como ves por el matasellos, estoy en Sidney, Australia. Me gustaría estar en alguna otra ciudad de Australia, pero como bien sabes no hay ninguna otra. Al menos, conocida.

Me he trasladado hasta aquí para cubrir un reportaje que está causando sensación en la ciudad. Un hombre travestido ha interpuesto una demanda contra la compañía que promociona “Gym Fitness PowerVibration”. El Gym Fitness PowerVibration es un aparato que te enchufas por todo el cuerpo y te suelta descargas eléctricas hasta que te pones en forma o enciendes el microondas sólo con pasar por delante. En el anuncio sale una tía increíble con todos los parches puestos y afirmando que en tan sólo 12 semanas puedes conseguir el mismo cuerpo que ella. El demandante, sin embargo, afirma que lleva 20 semanas con el aparato y ni siquiera le han salido todavía las tetas. “Del aparato genital ni hablamos”, afirmó frente al tribunal.

En fin. Como aquí todo va al revés (ya sabes que son las antípodas de España) he necesitado hacer un examen para sacarme el carnet de conducir, porque aquí se conduce por la izquierda, y además marcha atrás. Los espejos retrovisores sirven para mirar hacia delante.

Como comprenderás me ha costado mucho decidirme, pero al final ha sacado fuerzas suficientes y me he apuntado a una autoescuela. He trabajado duro y al final me dieron fecha para examinarme. El examen fue ayer. Me presentaba junto con otros 2 alumnos, naturales de Australia, que ya estaban acostumbrados al tipo de conducción, y que además se habían presentado al examen ya tres veces. ¿Y a que no sabes qué? Pues hice un examen bastante bueno y obtuve la mejor nota de todos. En realidad aprobé, pero no me han dado el carnet, porque además de la nota que saques también cuentan los puntos de experiencia. Como mis compañeros ya habían suspendido 3 veces tenían muchos puntos de experiencia (aquí se llaman puntos de incompetencia) acumulados, y al final ellos sí han conseguido el carnet. Al final del examen uno de mis compañeros me comentó: “has hecho un gran examen, pero claro, era la primera vez que te presentabas, así que tenemos preferencia los que hemos acumulado más puntos de incompetencia suspendiendo los anteriores exámenes”. En fin, no sé qué hacer. La idea de ir acumulando puntos de incompentencia a base de suspender hasta que algún día me den el carnet en detrimento de alguien que haya hecho un examen mejor no me ilusiona demasiado.

De todas maneras, te mantendré informado de mis devaneos por Australia. Oye, ¿tú qué tal? ¿No has estado en Jaen hace poco? Espero que me escribieras desde allí. Si metiste el sobre dentro de la carta y luego no lo echaste en el buzón supongo que no hay ninguna razón para que no me llegue.

Un beso, Conrado. Cuidate.

¡Oh, posición, mi posición!
23 junio, 2008

Querido Conrado.

Como sabrás he estado últimamente muy ocupada realizando un curso y preparándome para un examen de esos que te caen gotillas de la axila al codo. El pasado viernes terminó por fin, y hoy me veo algo más aliviada para poder escribirte.

He de decir que no pensaba que estuviera muy preparada para afrontar el examen, pero un chica estupenda que se sentaba al lado mío me animó mucho durante un descanso que tuvimos. El caso es que en uno de los ejercicios había que calcular el área en el que podía pastar un caballo atado a un silo con forma octogonal. Un tercio de la gente se fue del examen nada más leer el enunciado, refunfuñando porque no se habían mirado los silos. “Casi nunca caen”, decían. Otro tercio de la gente se marchó también, aunque sus quejas eran distintas: “¡Un caballo con forma octogonal, ¿dónde se ha visto?!”. Mi magnífica amiga me comentó en el descanso cómo había resuelto el problema de forma magistral: “yo he calculado el área del octógono, y ya que me pongan lo que quieran”.

En el segundo ejercicio había que calcular la probabilidad de montar de chiripa el cubo de rubik si estuvieran todas las piezas desmontadas. Esta vez mi compañera se empleó a fondo: “hay 1/2 de posibilidades: o lo montas bien, o lo montas mal”. En ese momento supe que muy probablemente en el ejercicio anterior había afirmado que el área del octógono era 8, así como el área del pentágono es 5.

Por último, y antes de entrar a la parte de contenidos del examen, le pregunté que qué tal llevaba la teoría. Su respuesta tenía algo de heroico y a la vez algo de humano: “ah, la teoría no me la he mirado”. Ole. En mi vida he dado 2 palmaditas en la espalda con más ternura.

En fin, Conrado, tampoco quiero aburrirte mucho con mis experiencias. Sí que quiero añadir que ahora tengo algunos días libres, por si quieres acercarte a Valladolid o viceversa, que está a sólo 10 minutos de Valladolid y hay más trenes.

Un beso, Conrado. Cuidate.

Lucía.

Valladolid, con “V” de amor
6 mayo, 2008

Querido Conrado.

 

¡Qué exagerado eres! Si te escribí hace nada… mucho más te he escrito yo a ti que tú a mí, así que no te quejes.

 

Como sabrás, Germán y yo nos hemos venido a vivir a Valladolid, que ya era hora. Estamos estupendamente, en un pisito precioso que hemos comprado y lo estamos dejando precioso. Además, estamos más o menos cerca de mis padres, por si algún día pasa algo. Germán es un desastre, porque estoy yo cerca siempre, que si no…

 

A ver si os pasáis por aquí un día a vernos y tomamos café en el piso. Bueno… he oído noticias tuyas y veo que sigues soltero. Ay ay, Conrado… que eres como un niño. Bueno, de todas maneras pásate si quieres a tomar un café cualquier día. Me avisas, y te pasas.

 

Bueno, mil besos, Conrado.

 

 

 

Hola, Conrado!

 

Soy Germán, ¿qué pasa, tío? Le he dicho a Lucía que le tiraba yo la carta al buzón y aprovecho para escribirte yo también. ¿Qué tal todo? ¿Todo bien? Yo genial. Aquí estamos con el piso, arreglándolo y eso, que hay mucho trabajo. Casi no tengo tiempo para nada, macho. El otro día me acordé de aquella vez que faltaban hielos en tu casa y bajamos tú y yo a comprar, qué risa…. que me contaste un chiste de un burdel… ¡qué cabrón, cómo me lo pasé! Que risa. A ver si quedamos todos un día, joer. Cuando tengas novia tenéis que venir al piso, ¿eh? Hacemos una barbacoa o algo así, hay como una zona verde cerca de donde vivimos. Y si no vamos nosotros para Madrid. Dice Lucía que dentro de un par de meses quizás tenga un fin de semana libre, cuando esté acabado el piso y todo eso. ¡Y si no quedamos tú y yo, ¿que no?! Lucía es que perdió tu teléfono, que si no te hubiera llamado algún día y me cuentas cómo va todo, cabroncete. Oye, pues escucha. Te escribo aquí nuestro número. Llámanos tú, ¿vale? Qué cabrón, qué risa.

 

Un abrazo, tío!

Dinamarca, ¡qué hermosa eres!
2 febrero, 2008

Hola Conrado!

A lo mejor esta postal te llega un poco tarde. Es que había dos buzones en la calle, uno en cada acera, y no estoy segura de en qué sentido pasan los carteros hacia España, así que igual lo recoge el cartero que va en dirección contraria y tiene que llevarla hasta el final, luego bajarla y volverla a subir.

El caso es que estoy en Dinamarca con Germán, pasando unos días de fábula y riéndome un montón. Vamos por la calle de la mano, andando a saltos, y cuando estamos en la playa yo me pongo a correr (no sé por qué) y él me persigue hasta agarrarme y tirarme al suelo, donde nos revolcamos. Duele un montón, pero por alguna extraña razón me río, le tiro arena a la cara y vuelvo a correr.

Dinamarca está bastante bien, con muchas cosas bonitas. Lo primero que hemos hecho ha sido hacernos una foto junto a la famosa “D” de Dinamarca. Es preciosa, no me extraña que la gente la prefiera cuando juega a la ruleta de la fortuna en lugar de la otra “D”.

Este mediodía me he hecho un descosido en la falda. No sé cómo ha podido ocurrir. El caso es que estábamos cocinando, y en la repisa de la cocina había un gran cuenco de cristal con harina y otro gran cuenco con chocolate fundido. Después de pasarme la mañana saliendo de un probador con distintos vestidos mientras Germán, desde una silla, ponía expresiones de desaprobación, he creído que lo propio sería echar un poco de harina sobre sus tartaletas. Germán ha debido malinterpretar este gesto, porque en seguida me ha tirado harina a la cara, y yo he tenido que devolver su ataque con una cuchara de madera impregnada en chocolate. Todo ha sido muy desconcertante, y el resultado ha sido un roto en mi falda, lo cual es lo peor que te puede ocurrir en este país, porque es imposible encontrar hilo y aguja: todas las cajas de costura están llenas de galletas de mantequilla.

Estamos enganchados a un programa de televisión que se llama “¿No sabes hacer nada bien, o qué?”. Es un programa donde va gente de la calle que no sabe hacer nada (bailar, cantar, imitar, contar chistes…) y no tienen ningún sueño friki. Los cástings son durísimos, y a la mayoría de los participantes les echan en cuanto descubren que tienen algún talento. Los muy cabrones han metido en la casa de “¿No sabes hacer nada bien, o qué?” a un tío que está como un queso y es doctor en medicina, para que todo el mundo se descojone de él. No va a durar ni una semana. Pero bueno, el que no vale no vale.

En fin, ya te seguiré contando. Ahora no puedo escribir más porque ha empezado a sonar música de alguna parte y tengo que volver a la playa a perseguir olas, llevar un peluche gigante que Germán me va a conseguir tirando en la feria y hacernos unas fotos en un fotomatón donde no deje que Germán salga bien hasta la última foto.

Ya sé que desapruebas todo ésto, pero te deseo que algún día conozcas el amor como yo lo he conocido. Cuídate mucho, Conrado.

Un beso.

Últimos días en Madrid
16 diciembre, 2007

Querido Conrado:

¡No te lo vas a creer!  ¡O a lo mejor sí!

El caso es que tu primo Germán me ha preparado un fin de semana “sorpresa” en Dinamarca, previsto para la semana que viene. Lo he descubierto porque había escondido la reserva de los billetes en el bidé (lo cual me parece brillante, ¿quién iba a buscar unos billetes de avión en un bidé?). El problema es que ha pretendido ocultar los billetes poniendo encima una camiseta, y la mala suerte ha querido que la camiseta que ha cogido al azar tiene impresa en el pecho una imagen de dos billetes de avión a Dinamarca.

Me he pasado el día diciendo “creo que usaré el bidé un rato…” para ver la reacción de tu primo, que se ponía blanco de pánico e intentaba disimular como podía: “…deja, mujer… eh…. venga, que un día es un día, esta noche te saco por ahí y usamos los dos el bidé que tengan, y nos quitamos de fregar”. Tu primo es un poco burro, Conrado, pero he de admitir que me hace reír el muy canalla.

Ayer me llevó al teatro, ¿y sabes qué? Fuimos a ver una obra dirigida por Pimpollo Mamarracho, el tipo ése que siempre despreciaba nuestras obras cuando actuábamos en la universidad.

En la entrada nos dieron el programa de la obra y era tal y como debía ser: todos los encargos estaban desglosados de tal manera que su nombre apareciera por todos lados. Así:

argumento: Pimpollo Mamarracho y Pepita Ingenua Uno
guión: Pimpollo Mamarracho y Pepita Ingenua Dos
adaptación e idea original: Pimpollo Mamarracho y Pepita Ilusionada de Salir en los Créditos junto al Sr. Mamarracho

Lo mismo hacían con las canciones:

música: Pimpollo Mamarracho
letra: Pimpollo Mamarracho
arreglos: ¡Pimpollo Mamarracho!

La obra me recordó mucho a Cats: apagaban las luces entre un acto y otro. Respecto a lo demás, los actores no iban caracterizados de gato, sino disfrazados de personas disfrazadas de personas disfrazadas de actores. Y sus interpretaciones seguían la misma secuencia. Actuaban como si nos estuvieran poniendo la piel de gallina, y conmigo desde luego lo consiguieron. Me hizo pensar que las obras en las que nosotros actuábamos eran igual de vergonzosas y quizás no nos dábamos cuenta.

Cuando acabó pensé en salir corriendo para evitar cruzarme con el Sr. Mamarracho y esquivar la previsible pregunta de “¿te ha gustado?”. Resultó que me topé de bruces con él, y al saludarle sus ojos reflejaron sorpresa y terror, como pensando “¡Maldición, lo has visto!” Era como si súbitamente se hubiera hecho la luz en su interior y acabara de darse cuenta de la mierda pestilente que había moldeado con sus propias manos hasta formar su propio retrato. Te hubiera encantado estar ahí. Le di la mano con una sonrisa enorme y después un par de golpecitos en el hombro durante los cuales sonaron fanfarrias.

En fin, voy agotando mi estancia en Madrid. Te escribiré desde Dinamarca para contarte qué tal lo paso con tu primo. No, mejor para decirte qué tal es Dinamarca.

 Un beso, cuídate.

Todavía en Madrid
20 noviembre, 2007

Querido y deseado Conrado:

Cómo lamento que hayas tenido que partir tan pronto para la sensual Tanzania. Yo todavía me quedaré unos días por Madrid revisando mi libro a solas junto con mi jefe de redacción. Parece que el libro no le disgusta, pero dice que le falta algo de erotismo, de “picante”, y que sin eso no hay quien venda libros hoy en día. Ha puesto a mi disposición una secretaria que sin duda merece un aumento de sueldo, encargada de revisar todos mis escritos y añadirles ese tono sexual que parece que se me resiste.

Volverte a ver después de tanto tiempo ha sido reconfortante y húmedo. Te he encontrado genial, disfrutando de tu vida y tus glúteos de mármol calizo. Había olvidado cuánto te gusta cocinar, y la verdad es que disfruté como una colegiala tu fresón madrileño, con sus garbanzos, su tocino, su melón y su nabo.

Tu famoso chiste verde de la cigüeña y el lápiz cada vez te sale mejor. Aunque tu hermano diga que está cansado de oirlo, es muy placentero. No sé por qué tenéis que andar todo el día discutiendo de aquí para allá como el perro y el conejo.

En fin, espero que tu am-viciosa labor por Tanzania termine satisfactoriamente. Me ha dado pereza y deseos de abrazarte sólo con leer todo lo que habéis tenido que limpiar. Ya sabes que soy muy torpe con el mango de la escoba. Todo eso de fregar, barrer, pulir, sacar brillo, dejar reluciente, tallar, sacar punta, etc… me parece un trabajo de asiáticas.

En fin, cuídate el torso.

Besos apasionados, mientras mi corazón y mi entrepierna gritaban por liberar esa pureza que tan violentamente me arrebató mi tío en mi adolescencia, Lucía.

En el seminario puedes dar de comer a los semines
17 noviembre, 2007

Querido Conrado:

 Te escribo mientras asisto a un seminario terriblemente tedioso. Supuestamente tiene lugar de 09.00 a 14.00, aunque como comprenderás debe tratarse de una errata, puesto que hoy es sábado. Por si acaso, me he acercado a las 09.00 y parece que la hora de comienzo estaba escrita correctamente. Un hombre con bigote oscuro está hablando, sin duda, de algo. Por ahora llevo aquí dos horas. Son las 09,23

 … creo que el hombre que habla está jugando con nosotros. Ha dicho una serie de palabras dándole un aire de importancia, como advirtiendo “esto va a caer en el examen…”, y todos se han apresurado a tomar nota, sin percatarse de que este hombre no está utilizando el lenguaje humano, sino el lenguaje de los murmullos de los ríos y los árboles. Son las 09.55

… descubro con asombro que el bigote del hombre que habla es grisáceo y lleno de canas. Esto no es ninguna broma, a pesar de que antes he apuntado que era oscuro. Iba a decirte que yo soy la primera soprendida, pero no es verdad. No me soprende. 10.29.

…¡traición! El hombre del bigote ha terminado su exposición, y acaba de entrar una mujer que va a comenzar otra. Me temo lo peor. Con esta técnica de turnos, es probable que el seminario dure 5 horas de verdad. Sin duda alguna, hay otros ponentes jugando al primis mientras esperan su turno, con 2 vidas y la del juego.

… esta nueva ponente sí utiliza el lenguaje de los humanos, y además habla con mucha claridad. Es muy sencillo seguir la exposición y a la vez leer entre líneas cómo el médico la arrojó contra el suelo nada más nacer.

… se llama María Angustias. Bravo.

… es duro aguantar 5 horas, pero lo he conseguido. Al final han pasado volando. Hasta tal punto que mi propio reloj se ha quedado atrás. Marca las 11.53.

…trato de hacer una lista de cosas en la vida que duren 5 horas. Ben-Hur dura 3 horas 32 minutos. Una liposucción se puede completar con éxito en una. Una maratón se corre en 4 horas y media, sin estar entrenada.

… tengo una gran idea. Voy a fingir un desmayo. Mi compañero de la derecha dice que no me delatará a condición de que me desmaye hacia su lado, para que me recoja él y pueda salir también de aquí.

… el plan ha sido un éxito. Estoy en un baño, fumando cigarrillos con Anselmo (mi “héroe”) y un hombre que ha saltado de su butaca gritando “¡Apártense, soy médico!”. Como la aparición de este hombre ponía en peligro la presencia de Anselmo en el plan de fuga, ha tenido que decir que él también es médico. Inmediatamente el doctor le ha preguntado que dónde estudió, y si todavía sigue dando clase el bueno de Phil Johnson. Después de algunos minutos de tensión, Anselmo ha descubierto grietas en la historia del doctor, y éste ha tenido que admitir que tampoco es médico, pero que había visto una oportunidad única de escapar de aquel infierno. No en vano, por lo visto llevaba 15 minutos echando espuma por la boca para fingir un ataque epiléptico, pero nadie se había fijado. Ahora mismo están discutiendo sobre si hay que dar las gracias antes o después de encenderte el cigarrillo cuando pides fuego.

… 13.55. Volvemos los 3 a clase, entre expresiones populares de alivio sincero e ingenuo. Mientras volvía a mi asiento he agradecido con la cabeza uno por uno a todos por su preocupación. El doctor ha estrechado manos, repitiendo incansablemente “usted habría hecho lo mismo”, “somos todos unos mandaos”, y cosas así. Anselmo miraba la proyección y arqueaba las cejas con preocupación, como pensando “ya es mala suerte que me haya perdido algo”. Para reforzar su papel ponía cara de estar enfocando con los ojos, que es un gesto inequívoco de que estás leyendo algo cuando sabes que todo el mundo te mira.

… 14.00. Ovación cerrada para el nuevo ponente, y fin.

Recapitulando hacia Madrid
31 octubre, 2007

Hola, Conrado.

He cibido tu carta justo antes de embarcarme rumbo hacia Madrid. Finalmente he decidido tomarme unos días de reposo para dar algunos retoques y copilar todas las notas para mi libro.

Estoy leyendo un libro que he comprado en la tienda del aeropuerto: “Narraciones de viaje”. Y el libro se titula “Aorr tmp… y aorrslo a ls d+” (Ahorre tiempo… y ahórreselo a los demás). Es un libro que se lee muy rápido.

En el capítulo 1 te explican cómo ducir palabras innecesariamente largas. Por ejemplo: suprimiendo el prefijo “re” de aquellas palabras que, aun sin el mencionado prefijo, no darían lugar a confusión. Por ejemplo, si aplicamos esta ducción a la palabra “realizar” nos queda “alizar”, que no significa ninguna otra cosa, así que ¿por qué decir “realizar” si no estamos alizando nada por segunda vez? En cambio, esto no sería correcto con la palabra “rematar”. Como dice el libro, “1 cosa es aorrar y otra m dstnt es sr 1 takñ”.

Llegaré a Madrid mañana. A primera hora me entrevistaré con mi dactor jefe, que sulta que quiere revisar y retocar las notas que he ido tomando. Creo que quedará satisfecho con el sultado de los datos copilados en mis viajes.

De todas maneras, me gustaría sacar algún tiempo para verte y poder cuperar el tiempo perdido. Deberíamos organizar una cena en casa de tu primo Germán, que sabes que me pone como una moto. ¿Qué te parece?

Bueno, espero impaciente tu spuesta. Dale recuerdos a todos de mi parte, y nos vemos en breve.

Besos,

             Lucía.

Mi experiencia de ayer
25 octubre, 2007

Querido Conrado:

 Aquí estoy, al otro lado de la cortina de fluctuación de bajo contraste, como la llaman aquí. Desde luego es un lugar de lo más entretenido, está muy bien montado y todo muy limpio.

La cola se hizo un poco larga, pero me entretuve hablando con la gente de mi alrededor. Cuando se enteraban de que era mi primera vez, me decían “le va a encantar, señora”, “ya verá, señora”, y cosas así. Según avanzaba la cola, cada vez que miraba a los lados alguien devolvía mi mirada con una sonrisa y un gesto de cabeza como diciendo “ya verá, le encantará”, como si fuera responsabilidad suya que me gustara. Según se acercaba el momento fui notando que crecía una especie de presión en la gente, y que empezaban a preocuparse por si el fenómeno no estaba a la altura de las expectativas que me estaban prometiendo. Justo cuando me iba a tocar a mí y la tensión se hizo más evidente se me acercó un chico de unos 11 años y medio y me dijo: “Señora, ya no soporto la presión. Esto no lo he inventado yo, y a lo mejor no le gusta tanto”.

Pero sí que me gustó. Cuando estás en frente de la cortina, lo primero que se te ocurre hacer es meter la mano muy despacio, observando cómo desaparece al otro lado. Después la sacas de nuevo y te la miras, como pensando “¿siempre he tenido esta mano?, ¿era así?”. Lo más curioso del fenómeno es que te da la oportunidad de ver las manos de la gente que está haciendo lo mismo desde el otro lado. De vez en cuando es divertido agarrar una de esas manos y pegarle un buen susto imitando el sonido de algún monstruo espacial, o darle un golpecillo reprendedor y decir “¡esa mano, Mariano!”.

Lo primero que te encuentras al cruzar es un grupo de estudiantes agobiados por algún examen, y que han cruzado la cortina para ganar un día más (he de decir que del lado que yo he cruzado, se retrocede un día). Uno de los estudiantes me lo ha explicado: “El problema es que aquí, en Kamchatka, lo de dejar todo para el último día cobra un significado aún más literal. Así no hay manera de madurar”.

Como comprenderás, la mayor parte de la gente que cruza la cortina lo hace para repetir el día de su cumpleaños y poder celebrarlo con la gente del trabajo y con los de la Facultad. Por su parte, los que cruzan en sentido inverso (avanzando un día) suelen ser solteros que odian los domingos y hombres del tiempo.

En fin, todas mis impresiones las voy recopilando minuciosamente en mi cuaderno de notas. Quizás me tome unos días de descanso y aproveche para pasar a verte. Lo digo porque cuando vuelva al otro lado de la cortina habré perdido ya el avión de regreso a Malta. Cómo pasa el tiempo.

Bueno, tú cuidate mucho y saluda a Madrid de mi parte.

Lucía.