Archive for the ‘Tanzania’ Category

Turista a todo confort
3 enero, 2008

Querida Lucía,

este tema tuyo con Germán me preocupa bastante. No quisiera entrometerme en tus asuntos ni en los suyos, pero quizá deba hacerlo en aquellos que incumben a ambos dos como pareja. Germán no te conviene, créeme. La última novieta que me presentó, de nombre Fucsy, fue encontrada en su piso hace cinco meses con vida, sí, pero con una vida sedentaria amargada por la pérdida de su amor y de varios tangas y sostenes. Germán la abandonó como se abandonan los zapatos viejos, destrozó el cristal de sus gafas de lejos, sacó del espejo su vivo retrato, y se convirtió, asomada a la ventana, en la chica de ayer, siendo demasiado tarde para comprender, con su cabeza dando vueltas persiguiéndole. Perdona que te lo explique de manera tan cruda, pero es que estos temas me ponen de los nervios y me cansan.

Cambiando de asunto, te cuento un poco mi devenir en estas últimas semanas. El presidente de Tanzania partió hace un mes con rumbo a Washington para pedirle la mano a la hija de George W. Bush. Leyendo una revista de chismorreos americanos, se topó con un reportaje sobre el bello vástago de los Bush y se quedó prendado de su belleza. Le costó decidirse pero al final se armó de valor y cogió el avión. Por si acaso no es correspondido, ya tiene pensado el plan: le mostrará a su padre la conveniencia de anexionar EE.UU. a la corona tanzana para formar un reino donde se ponga el sol mucho menos tiempo. Yo me encargué de hacerle una presentación de powerpoint en la que se mostraba la situación en caso de boda real. Te mando un disquete con la presentación para que le puedas echar un vistazo.

Con el presidente de viaje no he tenido apenas labores de palacio, por lo que me he dedicado a hacer turismo por Tanzania. Antes de irse a Estados Unidos, el presidente me dio una bolsa de cuero pequeñita, de éstas que se atan al cinturón, con 40 chelines tanzanos en su interior. Con ese dinero me he pegado un viaje por el país, desde las playas de oriente -me acordé mucho de ti el día en el que aprendí a decir “pescado rico y saludable” en swahili: se dice montfortedepalacios, ¡como tu segundo apellido! Ya es curioso, ¿no?- hasta las cumbres del Kilimanjaro. En lo más alto de este pico he pasado las navidades. A pesar de encontrarme lejos de mis seres queridos, he disfrutado mucho estar lejos de mis seres no tan queridos. Además ha sido divertidísimo porque al guía le picó una mosca tsé-tsé que le dejó grogui durante todo un día y, como me aburría, le pinté unos bigotes de gato. Todavía no entiende por qué me río tanto al mirarle, y lo cierto es que el asunto está perdiendo gracia porque cada vez se pone más serio con mis risas y mi palmear de muslo al señalarle.

Bueno, Lucía, voy a ver si consigo estar en Madrid para el 5 de enero, que ya sabes la ilusión que me hace ver cómo mis padres dejan regalos a los niños de todo el mundo esa noche. La verdad, desde que me dijeron, hace ya tantos años, que los Reyes Magos eran mis padres, esa fecha siempre ha sido especial para mí.

Un abrazo muy fuerte,

Tu amigo Conrado.

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El paquete de Versalles
23 noviembre, 2007

Querida Lucía,

Tus últimas cartas no han hecho más que preocuparme. Creo que no debí presentarte a mi primo Germán. Por lo menos no sin antes haberte advertido de que es muy dado a echar todo tipo de sustancias psicotrópicas a las damas con las que se relaciona. Pensé que, al ser tú amiga mía, se censuraría antes de llevar a cabo su ya tedioso hábito. Por lo que veo me equivoqué. Haz el favor de tener en cuenta que por muy burra que te ponga, Germán es un vivelavida de mucho cuidado. Para muestra un botón: cuando éramos pequeños, él siempre estaba insistiendo en entrar en una casa abandonada llena de espíritus, a la cual teníamos prohibidísimo acercarnos. Una noche se escapó y se coló dentro. Por lo visto estaba llena de cruces invertidas, cuernos de carnero, firmas satánicas y símbolos de Héroes del Silencio. Espero que esto último te haga reflexionar.

Respecto a mi viaje a Tanzania, esto está siendo la mar de desconcertante. El presidente de la república ha cambiado de opinión y ya no quiere que Tanzania sea una monarquía absoluta. Esta mañana le ha llegado un paquete de Versalles con pelucas de época que había comprado por internet, y dice que le sientan fatal. Los ministros y yo le hemos estado diciendo que es normal que al principio se vea raro, con la cara tan negra y los rizos tan blancos, pero que le quedaban genial. No hemos conseguido nada porque tiene un genio terrible. No hacía más que colocarse las pelucas de mil maneras y desesperarse. Miraba la revista de Historia, se colocaba la peluca en el espejo, volvía a mirar la revista, se volvía a colocar la peluca, miraba otra vez la revista, se miraba en el espejo, tiraba la peluca a la basura, sacaba otra peluca de la caja, se la colocaba delante del espejo, miraba la revista de Historia, se miraba en el espejo, movía la peluca un poco hacia los lados, miraba la revista, se miraba en el espejo, ponía morritos, miraba la revista, se volvía a mirar en el espejo, tiraba la peluca a la cara del ministro de Sanidad, sacaba otra peluca, la tiraba al suelo sin ponérsela. Sacaba otra peluca. Hasta 20 pelucas ha sacado y con ninguna se veía bien. Al final se ha hartado y ha pedido que nos marcháramos del despacho porque quería estar solo. Desde detrás de la puerta se le escuchaba llorar y decir palabras sueltas como excrément, douleur o mauvais destin.

Tal y como se ha dado la mañana, esta tarde no me voy a acercar por palacio. Supongo que tiene que ser bastante doloroso ver cómo tus sueños se hunden. Voy a aprovechar para dar una vuelta por Dodoma (que en español significa Madrid) para conocer cómo es la vida en una capital africana.

Dejo de escribir ya, que me van a cerrar las tiendas. Mucho ánimo con los retoques del libro y ten en cuenta que el cambio a literatura sexy puede ser para bien; las Spice Girls no se comieron un colín hasta que dejaron la canción protesta. Un abrazo muy fuerte.

Conrado.

Transición tanzana
14 noviembre, 2007

Querida Lucía,

Estos días que hemos estado juntos han sido un reconfortante alivio. Después de tanto tiempo sin vernos pensé que no te reconocería. Nada más lejos. Estás igual que siempre; no te lo tomes por el lado malo.

Como ya te adelanté el otro día, ayer vine a Tanzania para asesorar legalmente al presidente de la república. Esta mañana me ha recibido en su despacho y no quieras saber cómo lo tenía de desordenado. Le he dicho que antes de empezar a hablar de leyes, constituciones, latinajos y demás zarandajas, había que poner un poco de orden allí. Hemos empezado a recoger la habitación a las 9 de la mañana, ¡y hasta las 12 no hemos terminado! Un espectáculo. Si no hemos llenado 7 bolsas de basura no hemos llenado ninguna, y había una capa de polvo encima de los armarios que tirabas una moneda y desaparecía. Él se excusaba, con un poco de cachondeo, diciéndome que trabaja mucho y que no saca tiempo para adecentar el despacho. Le he hecho ver que no me hacía ninguna gracia y le he contestado que tener el despacho limpio no es sólo una cuestión de apariencia, sino que también repercute en el trabajo, el respeto y la higiene. Con estas cosas hay que ponerse firme, y creo que le ha llegado el mensaje.

Tras terminar de adecentar el despacho nos hemos tenido que duchar y cambiar de ropa, porque no veas cómo hemos acabado. Ya después de comer nos hemos puesto a trabajar. Por lo que me ha contado, tiene en mente una reforma en la constitución por la cual la república de Tanzania pasaría a ser una monarquía absoluta. Como no entendía muy bien el proyecto me ha hecho leerme un artículo de una revista de Historia que hablaba sobre Luis XIV de Francia. Ha insistido mucho en las ventajas que tendría Tanzania si tuviera un rey absoluto, y luego se ha puesto un poco pesado con los peinados. “Quiero pelucas como ésta y como ésta. Y también como ésta”, me decía señalando la cabeza de Luis XIV en diferentes cuadros que aparecían en la revista. Todo esto me parece muy disparatado, Lucía.

Mañana por la mañana nos reuniremos otra vez para analizar la situación y ver cómo afrontamos la transición (por lo visto vendrá también su ministro de Medio Ambiente, que se ha pedido ser Madame de Montespan). Ahora voy a aprovechar lo que queda de tarde para dar un paseo por la ciudad y pensar qué le voy a decir a esta gente mañana.

Bueno, pues ya espero noticias tuyas. Cuídate mucho, Lucía. Un abrazo.

Conrado.